martes, 30 de abril de 2013

Ese sitio tan especial. (Sexta parte).

-Hoy en día-

-Tu: Así fue como empezó mi relación con Liam.
-Sofía: Es una historia muy bonita.
-Tu: Sí pero se acabó y creo que sabes que tengo razones, ¿o no?
-Sofía: Pues sí. No te preocupes, con el tiempo lo superarás cielo.
-Tu: Eso espero.
-Sofía: Y, ¿qué pasó con Lidia y Tom?
-Tu: Ellos siguen juntos pero en otra ciudad, se fueron porque sus padres no les dejaban estar juntos y se fugaron. Eso sí que es amor.
-Sofía: La verdad es que sí, que envidia.
-Tu: Ya ves. Bueno ya hablamos me tengo que ir.
-Sofía: Hasta luego, te quiero.
-Tu: Y yo también.

La abrazaste y saliste de la cafetería. Necesitabas desahogarte con alguien encima de que ahora ni siquiera tenías cerca a Lidia. La verdad es que se te juntaron dos cosas demasiados fuertes al mismo tiempo. Aunque te dolió dejar a Liam no tuviste más remedio. Es decir, es que ya prácticamente no estabais juntos. Al principio de la relación todo iba mejor que bien, es decir, estabas con el amor de tu vida y al parecer tú también eras el suyo. Todo comenzó a cambiar primero con la marchar de Tom y Lidia, se habían ido vuestros mejores amigos, incluso ejemplos a seguir como pareja. Y luego entrasteis en la universidad. Y sí, cada uno fue a una diferente. Ahí comenzó a enfriarse la relación más y más y más. Parecía que no volveríais a lo que teníais antes. El primer año de carrera ambos salías con los amigos nuevos de cada uno de la carrera. El segundo año fueron bajando el número de salidas hasta un punto en el que sólo os veíais al llegar a casa. Sí, porque te fuiste a vivir con él, el peor error de tu vida, pensabas. Él cada vez te ignoraba más. Ya no había ni llama, ni chispa ni nada que tuviese que ver con la pasión entre vosotros, erais como dos compañeros de piso simplemente. El remate fue el 15 de julio. El 15 de julio para la mayoría de la población es una fecha más, un día más que pasa de sus días en el que no hay nada importante que recordar. Quizás que tienes cita en el dentista o que recoger un vestido de la tintorería, pero en fin, cosas sin importancia. Pero para ti no lo es, es decir, es tu fecha. Bueno, más bien, era tu fecha con Liam. Y ese 15 de julio, recién acabado el segundo año de carrera, ya no había casi nada entre vosotros pero tú decidiste poner freno a aquello. Tú le querías, no podías evitarlo. Así que te preparaste una buena celebración por vuestro tercer año juntos, merecía la pena. Liam como de costumbre, había salido con sus amigos y no volvería hasta la cena así que tuviste tiempo para prepararlo todo. Pensaste en una cena romántica, la típica de las películas, para que engañarnos. Y también en un vestido sexy y lencería aún más sexy. Si todo salía bien, seguramente la cena ni la tocaríais. Estabas emocionada, todo debía salir a la perfección. Hacía mucho tiempo que no ponías tantas ganas en algo, pero era por él y por él eras capaz de cualquier cosa. Fuiste a comprar, decidiste preparar algo sencillo, pero que se viese el esfuerzo puesto en ello. Pasta, a ti te encanta la pasta y a él también. En realidad a pocas personas no les gusta la pasta. Después de comprar los ingredientes para la salsa y demás, tocaba tu turno. Te fuiste al centro comercial y miraste tiendas, sí, pero al poco encontraste el vestido perfecto. Era negro, ajustado completamente. Corto, pero no exagerado. De tirantas y escote, pero no demasiado, lo justo y necesario. Por detrás dejaba ver gran parte de tu espalda y el resto se podría dejar descubierto bajando una discreta cremallera. Además tenías varios tacones que le iba perfectos, así que una cosa menos. Ahora faltaba la lencería te dirigiste a la única tienda que había en el centro comercial. Te compraste un conjunto, aconsejada por la dependienta. Dijo que como estabas delgadita, tenías una figura bonita y tu pecho era normal, tampoco necesitarías algo demasiado extravagante. Era bonito y negro también, a conjunto con el vestido claramente. Pero tenía algunos detalles en un rosa palo. Creías que con lo que llevabas, ibas bastante bien. Eso pensabas tú, el que tenía que juzgar era Liam. Volviste a casa rápidamente. Comenzaste a duchar te y arreglarte. Te peinaste y maquillaste, pero no exagerado, te gustaba algo natural. Te pusiste el conjunto de lencería y una bata, para no estar vestida tan temprano. Preparaste la mesa y cuando se empezó a acercar la hora también comenzaste a cocinar. Ya no quedaba casi nada, así que dejaste la mesa en condiciones y te fuiste a acabar de vestir. Sólo quedaba esperar.

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