martes, 7 de mayo de 2013

Ese sitio tan especial. (Decimoquinta parte).

Te quedaste mirando a Liam a ver su reacción. No hacía nada. Ni de tristeza, ni de sorpresa, ni de alegría... Nada. ¿Se lo habrías dicho en vano?

-Liam: Que-que-que tú tú..., ¿a mi? ¿Todavía?
-Tu: Sí, nunca he dejado de quererte Liam. Incluso el día que te dejé te odiaba y te quería al mismo tiempo. No lo puedo evitar, sé que eres el amor de mi vida.

Ya sí que se había iluminado la cara de Liam, no se lo creía. Entonces te abrazó fuertemente, casi no te dejaba respirar. Parecía que no te iba a soltar nunca, pero te encantaba. Te comenzó a levantar por los aires, dándote vueltas. Nunca le habías visto tan feliz, jamás. Y en realidad tú tampoco te creías que eso estuviese pasando. Luego te bajo delicadamente se quedó mirándote a los ojos y cogió tu mano y te dijo:

-Liam: ¿Me concede este baile señorita?
-Tu: Encantada.

Agarró tu mano y comenzasteis a bailar en mitad de la calle música de salón. Al principio os estabais riendo mucho, pero cuando los dos acabasteis de congeniar en los pasos y poneros de acuerdo, todo empezó a ser precioso. Iluminados por la luna y una farola, los dos solos en la calle bailando, juntos, pegados. Cuando acabasteis de bailar os quedasteis abrazos, levantaste la cabeza y te besó. Te entró un cosquilleo por el cuerpo al volver a sentir sus labios contra los tuyos. Por fin volvíais a estar juntos. Por fin volvías a acariciar su cara y su nuca mientras os besabais. Por fin volvías a agarrarte a su espalda. Por fin te volvía a acariciar el pelo y la cara. Por fin. El beso fue increíbles, os separasteis por falta de aire pero sólo un segundo porque te volvió a dar un beso más pequeño. Te cogió en brazos y le besaste la nariz mientras le agarrabas la cabeza.

-Tu: Te quiero.
-Liam: Yo te amo mi niña.

Le volviste a besar y le susurraste que querías ir a pasar la noche en casa, en vuestra casa. Ahora sí que te daba igual pisar ese piso. Avisaste a Marta dándole las gracias también. Al llegar viste que estaba todo igual, incluso igual de ordenado. Ahora sí te sentías como en casa. Seguías andando pero ahora él estaba detrás tuya, pegado a ti, agarrándote por la cintura. Parecía que no quería que soltarte por si te arrepentías y te querías ir.

-Tu: Tranquilo que no me voy.
-Liam: Me da igual, no quiero separarme de ti.

Así, con la cabeza girada, le besaste. Esta vez te giró y seguisteis con vuestros besos, cada vez más apasionados. Te subió en su cintura y te apoyó contra una pared. Seguíais besándose, te sujetaba por la cintura y por debajo del culo. Tú simplemente pasabas tus manos por su espalda, nuca y pelo. Parasteis un instante y te besó el cuello. Él lo hacía de un modo tan especial, indescriptible, irresistible. Era como una corriente eléctrica por tu cuerpo además del cosquilleo. No podías evitar gemir cuando lo hacía, era tu debilidad. Así te llevó al cuarto y te tumbó en la cama, vuestra cama. Como la echaban de menos. Cuando te tiró abriste los brazos para sentir las sábanas. Te sentías como nunca.

-Tu: Como echaba de menos todo esto.
-Liam: Yo solo te echaba de menos a ti.
-Tu: Ay, que te como.

Te levantaste sólo para besarle y bajarle hacia donde tú estabas. Él se colocó sobre ti pero con el peso de su cuerpo en tus brazos. No querías dejar de besarle. Se quitó la camiseta y te quitó a tu la tuya. Cuando te vio te besó la barriga rápidamente. Tú te colocaste encima y le besaste los abdominales, ¿los tenía más marcados o era tu imaginación? Allí arriba te quitaste el sujetador y al hacerlo te volvió a colocar debajo. Te besó cada seno y siguió bajando, hasta que llegó al pantalón y te lo quitó. Besó tu feminidad por encima de las braguitas y tú te encorvaste, no aguantabas. Le quitaste los pantalones y los calzoncillos a la vez. Se veía que él tampoco aguantaba. Así él te quitó las braguitas y se empezó a meter dentro de ti suavemente. No tenía prisas, tenías toda la vida. Era increíble. Estaba empezando a sudar, lo notabas al tocar su espalda. Eso te ponía más. Le susurraste: "Más rápido Liam, por favor. Más rápido." Entonces fue instantáneo, comenzó a acelerar sus movimientos. Empezaste a gritar su nombre, incluso la clavabas tus manos en su espalda debido al placer que estabas sintiendo. Él también gemía. Ya estabas llegando al orgasmo y él también. Es más cuando llegasteis, ambos gritasteis a la vez de placer. Había sido impresionante, inolvidable. ¡Cómo habías echado de menos esos momentos junto a él! Os tumbasteis en la cama y os quedasteis dormidos abrazados casi sin daros cuenta.

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