-Narra Liam-
Estaba bailando con Marta y no paraba de reírme. No había persona más torpe que yo bailando. Entonces, sin darnos cuenta la puerta de la casa se había abierto. Era ___. Sus ojos estaban abiertos de par en par. Se había quedado paralizada, no sabía donde meterse. Lo peor de todo es que yo tampoco sabía que hacer. Allí estaba ella y yo sin moverme como un estúpido.
-___: Lo siento, ya os dejo solos. Siento haber molestado.
Se fue corriendo. ¿Qué había hecho? ¿Por qué nada de lo que intento por ella me salía bien? No sabía que hacer, estaba desesperadísimo. ¿Qué iba a hacer ahora? Todo estaba más que perdido.
-Marta: ¿PERO QUÉ HACES AHÍ PARADO INÚTIL? CORRE, VE TRAS ELLA.
Cuando me dijo eso reaccioné, tenía razón. Allí parado seguro que no hacía nada útil. Le susurré un "gracias" y salí corriendo en la dirección en la que se había ido ____. No se habría ido demasiado lejos, ¿verdad? Salí del portal y no veía a nadie. ¿A dónde iba a ir ahora? Mira que... ¡Claro! ¡Seguro que está allí! No hay otro sitio. Es su lugar especial, nuestro lugar... Tenía que ser allí o más bien rezara para que fuese como yo pensaba y deseaba que fuese. Tenía mucha presión y tensión encima, quizás ya la había perdido para siempre... Otra vez la misma sensación que ese 15 no por favor, no lo aguantaría. Corría por la calle como loco deseando encontrarla y sobre todo que ella estuviese allí. Algo me decía que era así, la conocía demasiado bien como para estar equivocado. Siempre que estaba mal iba a ese sitio, parecía que le desahogaba. Cuando no sabía donde estaba iba allí, aunque no le pasase nada malo, simplemente le encantaba estar allí y ya está. Ojalá todas las cosas que solían pasar en el pasado no hubiesen cambiado. Al fin llegué. Al principio con la oscuridad de la noche y la distancia no veía mucho pero al final conseguí distinguir una figura. Era ella, seguro. Su forma de sentarse la delataba. Además estaba sentado en su lado, en el lado en el que siempre se colocaba ella mientras yo estaba en el otro rodeándole con mis brazos. Me fui acercando lentamente porque aún tenía algunas dudas. Lo más seguro es que me echase o que me dijese que quería estar sola... Seguro que sí, con lo cabezota que es. Pero me daba igual, hablaría con ella me costase lo que me costase. Además tenía derecho a estar allí, al menos en mi lado de banco. Nuestro banco. El banco en el que nos dimos nuestro primer beso durante aquella fiesta de verano el 15 de julio de 2012.
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