Me desperté,
como cada mañana, con todas las sábanas revueltas y con una postura que ni yo
misma sé como consigo coger cada noche. Tardé apenas un minuto en recordar que
hoy me tenía que despedir, sobre todo, de mis amigos y de mi familia menos
cercana. Al fin y al cabo, mis padres y mi hermana me acompañarían al
aeropuerto. Salí de la cama, me eché un poco de agua en la cara para
despejarme, pero tampoco sirvió de mucho, todavía estaban en mi cabeza los
pensamientos del día anterior. De lo que pasaría y de lo que no. Todo aquello
empeoraba las cosas y me hacía aún más duro todo. Está visto y comprobado que
más imbécil que yo no hay nadie. Bajé en pijama a la cocina y mi madre me tenía
preparado mi desayuno favorito: colacao, tostada de mantequilla y jamón y
magdalenas de chocolate. ¿Por qué me hacía eso? Ahora pensaba que ya no
volvería a probar ese desayuno hecho por ella en muchísimo tiempo.
-Madre:
Buenos días cielo, ¿qué tal has dormido?
-__: Muy
bien.-Mentí.
-Madre:
Toma, tu desayuno favorito porque hoy es un día especial. Como despedida.-Me
sonrió y al instante giró la cabeza. Seguro que aguantando algunas lágrimas.
-Padre:
Buenos días pequeña, hoy es el gran día, eh.-Dijo y a continuación besó mi
cabeza suavemente, pensando que tardaría en volver a hacer lo mismo.
-__: Pues
sí, no me puedo creer que haya llegado.-Dije con un poco de pena en la voz.
-Hermana:
Menos mal que te vas ya esta madrugada, pensaba que nunca te irías.-Le dirigí una
mirada de odio.- Pero en realidad te echaré de menos.
-__: Sí,
ahora intenta arreglarlo guapa.
-Madre: ¿Hasta
el último día tenéis que pelearos?
-__: Es que
sino no seríamos nosotras.
-Hermana:
Exacto mamá.
-Padre: ¿Esta
tarde qué vas a hacer __?
-__: He
quedado con todos, para despedirme y eso.-Dije volviendo a la realidad tras la
pequeña pelea con mi hermana.
-Madre:
Vale, pero asegúrate antes de irte que lo llevas todo cariño.
-__: Sí, no
te preocupes, lo he comprobado cien veces y creo que ya lo llevo todo.
-Madre:
Míralo de nuevo por si acaso.
-__: Sí
mamá.
Estas cosas
las echaría de menos, ¿quién iba a estar encima de mí vigilando que todo va
bien y que no me dejo cosas atrás si ya no está
mi madre? Hablo como una niña chica, pero es la realidad, no sé qué haré
sin ella. Y tampoco sin esas peleas absurdas y típicas de hermanos con mi hermana
o sin las intervenciones y los cariñitos de mi padre. Demasiadas cosas que
echaría en falta. E incluso mi casa, en la que nací, esta madrugada le diría
adiós. Ahora solo tenía que pensar en pasar una tarde genial con mis amigos
pues se tardaría en volver a repetir. Fui a mi cuarto a preparar las últimas
cosas y despejarme un poco.
Así, entre
pantalón, camiseta y cuadro, llegó la hora de almorzar. También tuve mi almuerzo
favorito, al menos, por ahora el día estaba yendo bien, qué menos. Subí de
nuevo a mi cuarto esta vez para cambiarme de ropa y salir corriendo para el
parque donde habíamos quedado. No íbamos a hacer nada en especial, solo estar
juntos y hablar, sobre todo hablar. Me puse unos pantalones vaqueros cortos,
una camiseta ancha y mis vans. Me recogí el pelo en una coleta de caballo alta
para ir más rápido y más cómoda. A los diez minutos había llegado y estaban ya
todos allí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario