Estaban cada
uno a lo suyo, pero me dio la sensación de que se dieron cuenta de que había
llegado. Casi todos giraron la cabeza. Bueno, giraron la cabeza todos menos
Irene, ella permanecía con la cabeza agachada mirando al suelo a un punto fijo.
También parecía que llevaba un rato arrancando la hierba del suelo. Me acerqué
lentamente y le dirigí a cada uno una sonrisa cálida y consoladora. No debió
resultar demasiado convincente porque vinieron todos a darme un abrazo en
grupo, que no sé si me ayudó o me puso peor. Irene seguía en la misma postura,
no decía ni una palabra. Una vez que estuve a su lado la abracé por detrás. Al
principio no hizo nada pero al instante ella agarró mis brazos y noté como
algunas lágrimas caían sobre mis brazos.
Aún así decidí no decir nada, con eso nos lo decíamos todo. Tras un rato
murmuró algo.
-Irene: Eres
una imbécil.-Me dijo mirándome fijamente a los ojos muy seria.
-__: ¿Por
qué?
-Irene: Porque
no sé cómo voy a estar aquí tan lejos de mi mejor amiga.
Esas
palabras me destrozaron. No en el sentido de que ella las dijese para hacerme
daño, sino que a mi me ocurría lo mismo. Nos quedamos mirándonos a los ojos con
una mirada entre rabia y tristeza. Las dos rompimos a llorar y nos abrazamos.
El resto de los que estaban allí parecían haber desaparecido. Esa chica era mi
mejor amiga desde los tres años, no podían esperar otra cosa, lo comprendían.
Aunque intentaba parar de llorar, no podía. Más y más recuerdos vividos juntas
venían a mi mente. No sé cómo pudo pero de repente me separó de ella y aún con
los ojos llenos de lágrimas me miró fijamente y me dijo.
-Irene:
Mira, a mí me da igual lo lejos que te vayas, como si vas al fin del mundo: tú
siempre vas a ser mi mejor amiga pase lo que pase. Aunque perdamos algo el
contacto, que sé que va a ser inevitable. Ahora, lo que tengo claro es que no
voy a vivir nunca todo lo que he vivido junto a ti con otra persona porque eres
única y esa eres tú, Tú eres mi mejor amiga. Y aunque aparecerán nuevas
personas en mi vida, ninguna te va a reemplazar __, ninguna, ¿está claro? Siempre
juntas.-Dijo levantando su dedo meñique.
-__:
Siempre.-Dije enlazando mi meñique con el suyo y luego haciendo las dos una
cruz en el corazón, como cuando éramos pequeñas.
Así conseguimos
sacarnos una suave risita y nos sentamos con el resto. Yo no quería hablar de
lo que me esperaba, simplemente recordamos momentos, nos hicimos fotos haciendo
el idiota y jugamos con niños chicos. Fue una buena tarde. Luego llegó el
momento de despedirse, ahí sí que nos llevamos tiempo y lloramos todos y cada
uno de nosotros, sobre todo Álvaro. Con estas cosas no puede y se hartó de
llorar tanto como yo. Luego me volví a aferrar a Irene negándome a separarme de
ella.
-__:
Adiós.-Le susurré.
-Irene: Hey,
adiós no, hasta luego, nos vamos a volver a ver.
-__: Es
cierto, hasta luego.-Dije con una media sonrisa de lado en la cara.
-Irene:
Hasta luego.
Así me fui
de allí corriendo sin poder esperar un minuto más. Si seguía alargando aquello,
no sería capaz de separarme de ellos. Corría por la calle mientras el viento
golpeaba mi cara y arrastraba las lágrimas que seguían brotando de mis ojos.
Al fin
llegué a casa a la hora de la cena, pero no tenía apetito. Subí a mi cuarto
directamente y cuando llegué y lo observé una sensación de vacío me invadió. Ya
no quedaba nada allí, todo estaba metido en maletas. Lo único que quedaba por
allí eran unos cuantos de peluches que no cabían en las maletas y que, en un
principio, pensé que no iba a echar en falta. Los miré con ternura, ya no los
volvería a ver cada mañana al despertar, sobre todo al Boo. Lo cogí y le di un
abrazo. Me parecía volver a los 6 años cuando me lo regalaron y lo abracé por
primera vez. Desde aquel día dormí con él cada noche hasta que pensé que era
demasiado mayor para ello. Allí echaría de menos a mi osito peludo. Me eché en la
cama junto a mi peludo amigo.
-Madre: ¡__!
¡__! ¡Despierta, tenemos que irnos al aeropuerto o perderás el avión!
Oh dios, me
había quedado dormida sin darme cuenta. Al oír los gritos de mi madre vi que
eran las 1 de la madrugada y a las 2 y media salía mi avión. Me quedé con lo
que tenía puesto de la tarde pero cogí una chaqueta por si al llegar allí tenía
frío. Me arreglé un poco el pelo porque estaba completamente despeinada. Cogí
las maletas y las bajé a toda prisa. Me estaban esperando en la puerta listos
para salir. Mi padre y yo metimos las maletas en el coche. Me di una breve
vuelta por mi casa para despedirme y guardar bien en mi mente esa imagen. Me
monté ya en el coche resignada.
Al poco
llegamos al aeropuerto y facturé las maletas al instante. Pasamos una media
hora sentados en unos bancos sin hablar nada. Entonces me llegó el momento de
despedirme de ellos porque tenía que pasar por seguridad y todos esos rollos.
Abracé a cada uno de ellos llorando y casi sin poder pronunciar una palabra.
-Madre: Ten
muchísimo cuidado __, y no olvides que si tienes algún problemas siempre nos
tendrás aquí para volver.-Dijo mi madre entre sollozos como pudo.
-Padre:
Exacto, somos tu familia. Eres mi pequeña y te vas.-Mi padre intentaba aguantar
las lágrimas pero no lo conseguía y me abrazó fuerte.
-__: No os
preocupéis, os llamaré siempre que pueda. Y tú, enana, compórtate bien ahora que
yo no estoy para reñirte eh.
-Hermana: Sí…
Ah, toma __, pensé que quizás te lo querrías llevar.
Cuando dijo
eso me mostró a Boo. Me peleaba con mi hermana pero estas cosas eran superiores
a mí.
-__: Ay mi
Boo, claro que me lo quiero llevar, qué haría yo sin él. Muchas gracias por
traerlo.-Le dije con una sonrisa.
Tras un
último abrazo me di la vuelta. Andaba lenta porque no me quería girar, sino
sería más difícil.
-X: ¡__!
¡Espera por favor!
Me giré y
era… ¿Jorge?
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