jueves, 27 de junio de 2013

Todo vuelve. (Capítulo 3)

Estaban cada uno a lo suyo, pero me dio la sensación de que se dieron cuenta de que había llegado. Casi todos giraron la cabeza. Bueno, giraron la cabeza todos menos Irene, ella permanecía con la cabeza agachada mirando al suelo a un punto fijo. También parecía que llevaba un rato arrancando la hierba del suelo. Me acerqué lentamente y le dirigí a cada uno una sonrisa cálida y consoladora. No debió resultar demasiado convincente porque vinieron todos a darme un abrazo en grupo, que no sé si me ayudó o me puso peor. Irene seguía en la misma postura, no decía ni una palabra. Una vez que estuve a su lado la abracé por detrás. Al principio no hizo nada pero al instante ella agarró mis brazos y noté como algunas lágrimas caían sobre mis brazos.  Aún así decidí no decir nada, con eso nos lo decíamos todo. Tras un rato murmuró algo.
-Irene: Eres una imbécil.-Me dijo mirándome fijamente a los ojos muy seria.
-__: ¿Por qué?
-Irene: Porque no sé cómo voy a estar aquí tan lejos de mi mejor amiga.
Esas palabras me destrozaron. No en el sentido de que ella las dijese para hacerme daño, sino que a mi me ocurría lo mismo. Nos quedamos mirándonos a los ojos con una mirada entre rabia y tristeza. Las dos rompimos a llorar y nos abrazamos. El resto de los que estaban allí parecían haber desaparecido. Esa chica era mi mejor amiga desde los tres años, no podían esperar otra cosa, lo comprendían. Aunque intentaba parar de llorar, no podía. Más y más recuerdos vividos juntas venían a mi mente. No sé cómo pudo pero de repente me separó de ella y aún con los ojos llenos de lágrimas me miró fijamente y me dijo.
-Irene: Mira, a mí me da igual lo lejos que te vayas, como si vas al fin del mundo: tú siempre vas a ser mi mejor amiga pase lo que pase. Aunque perdamos algo el contacto, que sé que va a ser inevitable. Ahora, lo que tengo claro es que no voy a vivir nunca todo lo que he vivido junto a ti con otra persona porque eres única y esa eres tú, Tú eres mi mejor amiga. Y aunque aparecerán nuevas personas en mi vida, ninguna te va a reemplazar __, ninguna, ¿está claro? Siempre juntas.-Dijo levantando su dedo meñique.
-__: Siempre.-Dije enlazando mi meñique con el suyo y luego haciendo las dos una cruz en el corazón, como cuando éramos pequeñas.
Así conseguimos sacarnos una suave risita y nos sentamos con el resto. Yo no quería hablar de lo que me esperaba, simplemente recordamos momentos, nos hicimos fotos haciendo el idiota y jugamos con niños chicos. Fue una buena tarde. Luego llegó el momento de despedirse, ahí sí que nos llevamos tiempo y lloramos todos y cada uno de nosotros, sobre todo Álvaro. Con estas cosas no puede y se hartó de llorar tanto como yo. Luego me volví a aferrar a Irene negándome a separarme de ella.
-__: Adiós.-Le susurré.
-Irene: Hey, adiós no, hasta luego, nos vamos a volver a ver.
-__: Es cierto, hasta luego.-Dije con una media sonrisa de lado en la cara.
-Irene: Hasta luego.
Así me fui de allí corriendo sin poder esperar un minuto más. Si seguía alargando aquello, no sería capaz de separarme de ellos. Corría por la calle mientras el viento golpeaba mi cara y arrastraba las lágrimas que seguían brotando de mis ojos.
Al fin llegué a casa a la hora de la cena, pero no tenía apetito. Subí a mi cuarto directamente y cuando llegué y lo observé una sensación de vacío me invadió. Ya no quedaba nada allí, todo estaba metido en maletas. Lo único que quedaba por allí eran unos cuantos de peluches que no cabían en las maletas y que, en un principio, pensé que no iba a echar en falta. Los miré con ternura, ya no los volvería a ver cada mañana al despertar, sobre todo al Boo. Lo cogí y le di un abrazo. Me parecía volver a los 6 años cuando me lo regalaron y lo abracé por primera vez. Desde aquel día dormí con él cada noche hasta que pensé que era demasiado mayor para ello. Allí echaría de menos a mi osito peludo. Me eché en la cama junto a mi peludo amigo.
-Madre: ¡__! ¡__! ¡Despierta, tenemos que irnos al aeropuerto o perderás el avión!
Oh dios, me había quedado dormida sin darme cuenta. Al oír los gritos de mi madre vi que eran las 1 de la madrugada y a las 2 y media salía mi avión. Me quedé con lo que tenía puesto de la tarde pero cogí una chaqueta por si al llegar allí tenía frío. Me arreglé un poco el pelo porque estaba completamente despeinada. Cogí las maletas y las bajé a toda prisa. Me estaban esperando en la puerta listos para salir. Mi padre y yo metimos las maletas en el coche. Me di una breve vuelta por mi casa para despedirme y guardar bien en mi mente esa imagen. Me monté ya en el coche resignada.
Al poco llegamos al aeropuerto y facturé las maletas al instante. Pasamos una media hora sentados en unos bancos sin hablar nada. Entonces me llegó el momento de despedirme de ellos porque tenía que pasar por seguridad y todos esos rollos. Abracé a cada uno de ellos llorando y casi sin poder pronunciar una palabra.
-Madre: Ten muchísimo cuidado __, y no olvides que si tienes algún problemas siempre nos tendrás aquí para volver.-Dijo mi madre entre sollozos como pudo.
-Padre: Exacto, somos tu familia. Eres mi pequeña y te vas.-Mi padre intentaba aguantar las lágrimas pero no lo conseguía y me abrazó fuerte.
-__: No os preocupéis, os llamaré siempre que pueda. Y tú, enana, compórtate bien ahora que yo no estoy para reñirte eh.
-Hermana: Sí… Ah, toma __, pensé que quizás te lo querrías llevar.
Cuando dijo eso me mostró a Boo. Me peleaba con mi hermana pero estas cosas eran superiores a mí.
-__: Ay mi Boo, claro que me lo quiero llevar, qué haría yo sin él. Muchas gracias por traerlo.-Le dije con una sonrisa.
Tras un último abrazo me di la vuelta. Andaba lenta porque no me quería girar, sino sería más difícil.
-X: ¡__! ¡Espera por favor!

Me giré y era… ¿Jorge?

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